Dinero invisible
El dinero invisible de una constructora, obra por obra
Compras que nadie compara, material que no llega completo, facturas que no se deducen y estimaciones que se cobran tarde. Dónde se va y cómo ponerle monto.
· aety
En una constructora el dinero no se pierde en un solo lugar. Se pierde entre la obra, la oficina y el banco: entre lo que el residente pidió por WhatsApp, lo que llegó al terreno, lo que se facturó y lo que se pagó. Cada parte tiene su propio registro, y ninguno cuadra con los demás.
Por eso muchas obras parecen rentables hasta el cierre. El presupuesto dice una cosa, el costo real aparece meses después, y para entonces ya nadie sabe dónde se fue la diferencia.
Estas son las cinco fugas más comunes. Todas se pueden medir con papeles que ya tienes. Los números de los ejemplos son inventados para ilustrar la cuenta; cambia cada uno por el tuyo.
1. Compras que nadie compara
El residente necesita material y le escribe al proveedor de siempre. El precio sube un poco cada vez y nadie lo nota, porque nadie tiene a la mano lo que se pagó la última vez por lo mismo.
Qué contar: los diez materiales que más compras y lo que pagaste por cada uno en las últimas compras, por proveedor.
La cuenta:
compras al mes × diferencia promedio contra el mejor precio que ya pagaste
Ejemplo: $1,500,000 en compras al mes × 3% de diferencia = $45,000 al mes.
Tres por ciento parece poco hasta que se multiplica por lo que más gastas.
2. Material que se paga y no llega completo
La remisión dice una cosa, lo que se recibió en obra otra y la factura otra más. Si nadie cruza las tres, se paga lo que dice la factura.
Qué contar: de las entregas del último mes, cuántas tienen una recepción firmada en obra y cuántas coinciden en cantidad con su factura.
La cuenta:
entregas al mes sin cruzar × proporción que llega con faltante × valor promedio del faltante
Ejemplo: 40 entregas sin cruzar × 1 de cada 10 con faltante × $6,000 = $24,000 al mes pagados por material que no llegó.
3. Gastos que no se pueden deducir
Tickets, pagos en efectivo en obra, facturas que nunca se pidieron o que llegaron con datos equivocados. Para deducir un gasto, la ley pide que esté amparado con factura y que, si pasa de $2,000, se pague por banco y no en efectivo. Lo que no cumple, se paga con dinero que ya pagó impuestos.
Hay un riesgo más: si un proveedor aparece en la lista del SAT de empresas que facturan operaciones que no existen, sus facturas pueden dejar de servirte aunque el material sí haya llegado. Para defenderlas necesitas probar la entrega: la recepción firmada, la foto, la bitácora.
Qué contar: los gastos del último mes sin factura, pagados en efectivo, o con una factura que tu contador tuvo que rechazar o volver a pedir.
La cuenta:
gastos que no se pudieron deducir × tasa de ISR
Ejemplo: $80,000 al mes en gastos sin factura válida × 30% (la tasa de las personas morales) = $24,000 al mes en impuesto que no tendrías que haber pagado. Y falta el IVA de esas compras, que tampoco se acredita.
4. Estimaciones que se cobran tarde
Armar una estimación con sus generadores, fotos y notas de bitácora le toma días al residente. Mientras no se entrega, no se cobra. Y al final de la obra, el fondo de garantía retenido muchas veces nadie lo reclama a tiempo.
Qué contar: los días entre el corte de avance y la entrega de la estimación, y entre la entrega y el pago. Aparte, lo retenido en obras que ya terminaron.
La cuenta:
monto de la estimación × meses de retraso × lo que te cuesta el dinero al mes
Ejemplo: una estimación de $800,000 que se entrega 15 días tarde es medio mes financiando la obra con tu dinero. Si ese dinero te cuesta 2% al mes, en crédito o en lo que dejas de ganar, son $8,000 por estimación. Con dos o tres obras activas, se repite cada mes.
5. La raya que se arma a mano
La lista de asistencia llega en papel o en una foto. Alguien la pasa a una hoja de cálculo el viernes, suma horas extra y destajos, y arma los pagos. Es casi un día de trabajo cada semana.
El costo grande no son esas horas. Es que después nadie puede confirmar quién estuvo en la obra, cuántas horas y haciendo qué. Lo que se pagó de más casi nunca se descubre.
Qué contar: las horas que toma armar la raya cada semana y, en el último mes, cuántas correcciones hubo después de pagar.
Lo que tienen en común
Las cinco fugas vienen de lo mismo: la obra y la oficina no ven los mismos datos al mismo tiempo. La compra vive en el WhatsApp del residente, la recepción en un papel, la factura en el correo del contador y el pago en el banco. Nadie está haciendo trampa; simplemente nadie tiene las cuatro cosas juntas.
Cómo saber si te está pasando
Si contestas “no” a dos o más, tu constructora tiene dinero invisible:
- ¿Sabes, sin buscar, cuánto pagaste por la varilla en tus últimas tres compras?
- ¿Cada factura que pagas tiene detrás una recepción firmada en obra?
- ¿Tu contador recibe las facturas de la semana sin perseguir a nadie?
- ¿Sabes cuántos días tarda en cobrarse una estimación desde el corte?
- ¿Puedes ver el costo real de cada obra contra su presupuesto antes de que termine?
Para ponerle monto a lo que se queda sin cobrar, usa la calculadora. Y si quieres hacer las cinco cuentas con tus números, es lo que revisamos en un diagnóstico con constructoras y desarrolladoras.